sábado, 7 de septiembre de 2013

Encantamiento 70, 1ª parte: Culebrones personales.





-Y esa es Miren Mamor Tellechea, vino a la ciudad a hacerse promoción porque es compositora, cantante y directora de cine, pero al conocer a Daan Mufflin decidió quedarse. Lo que pasa es que en esa época Daan ya estaba prometido con Gabriella Chevalier. Pero no se lo dijo a Miren y, claro, cuando se enteró, ella se cabreó un montón. Pero como ya se querían mucho… pues al final Miren accedió a llevar su relación en secreto por mucho que doliera. Pero lo más fuerte de todo es que ¡Gabriella Chevalier está enrollada con su hermanastro por parte de madre: Kira Lee Mendoza! Gabriella y Daan no se quieren para nada, es pura farsa para unir la hacienda Chevalier con la empresa de bollos de los Mufflin. De hecho, Gaby y Kira se hubieran fugado juntos el día de la boda con Daan si no llega a ser porque al padre de Kira le dio un infarto cuando, horas antes, lo secuestraron unos narcos. Con esa tragedia no pudo llegar para evitar la boda, obviamente. En el capítulo de hoy, Carmen Mª Josefina, la regente del motel de las Marismas del Pantano, se ha decidido a contarle a su amiga Miren Mamor que Gabriella y Kira a veces se ven en su hotel (es que Carmen Mª Josefina de las Marismas del Pantano es una voyeur y tiene cámaras y micros de esos en las paredes para mirar, y así fue cómo los pilló en pleno acto). Yo creo que cuando se entere, Daan le va ha hacer una jugada muy sucia a Gaby y le va a exigir que le dé más beneficios a cambio de guardar el escándalo, porque fue lo mismo que le hizo a Rachel Mail Blue, la gringo ésa que de vez en cuando sale el bikini por el desierto y hablando de sus explotaciones petrolíferas (¡esa tipa es asquerosamente rica, ahí dónde la ves de basta!). Lo que me da miedo es que el rumor llegue hasta la hermana gemela de Gaby: Sarache. Ella está LOQUÍSIMA, porque le empezó a darle a las drogas después del accidente de coche en el que perdió a su marido y al hijo de ambos (un dramón). Como Sarache se entere, puff, coge el machete y se va a por Kira de cabeza (si no la llegan a parar, casi se carga de la misma manera a Miren cuando ella le abolló el coche sin querer cuando llegó al pueblo), porque le tiene tirria a Kira y es que éste le estafó una vez en el pasado y pensará que trata de hacer lo mismo con Gabriella (Kira Lee Mendoza es estafador de profesión aunque ahora esté intentando hacerse “decente” por Gabriella). ¿Lo vas pillando?
-Eeeh… -Lena tenía cara de que no-. ¿Y en qué idioma está esto?
-No sé, mejicano o algo así (se parece al italiano chuchurri’o que habla Yell).
-¿Sabes español?
-Ni de coña, ¡pero sólo hace falta seguir las musiquillas ambientales! –le quité importancia.
Seguía con la misma cara. -¿A ti te gustan estas cosas?
No, qué va, sólo me paso las tardes pegado al televisor como un adicto a la cocaína y estoy extorsionando a Colyn Desagradecido y ModositoMan para que me compren el poncho o las tazas (una de dos, aunque me mola más el poncho) de la telenovela “Amor en tiempos de Cuernos” porque la odio; le espeté con una mirada muy expresiva.
-Es muy… lioso –intentó escudarse ante mi expresión.
-No (¡es sencillísimo, como la vida misma! Es genial el realismo con el que describe las relaciones personales. No sé porqué no me fijé en ella antes).
Se encogió en su lado del sofá. -¿Es una broma? –Lena me preguntaba mucho eso, aún no sabía distinguir cuando hablaba en serio o bromeaba.
-No… -Reprimí un suspiro. No valía la pena malgastar tiempo y energía en aquel tema (ni siquiera para molestarme porque lo mirase como si fuera basura putrefacta), Lena y yo teníamos gustos distintos y ya está-. Si no te gusta, vete por ahí con tu piano o tus flechas. Hasta dentro de cuarenta y cinco minutos –la despaché con una gesto de la mano y volviendo a centrarme de lleno en la entrada de Sarache en la taberna “Los Coyotes Rosas”.
No lo dije enfadado, sencillamente pasé de todo, así que no sé porqué se comportó como si lo estuviera empeorando cada vez más.
-¿Me echas?
-No (únicamente te oferto la posibilidad de hacer algo que te parezca más interesante sin mi compañía ya que yo no me voy a mover de aquí en los próximos cuarenta y cinco minutos).
-¿Estás enfadado? –me preguntó con tanto miedo que pareció una cría de cinco años.
Me giré con esa distracción, salidas tan tontas me desconcertaban: -¿Qué? ¡No! No seas absurda (no por un tema tan insustancial, por Lucifer bendito).
Tomó aire y valor: -Es que lo parece…
-¡Es la cara que pongo siempre, sobretodo porque Carmen Mª Josefina acaba de enganchar a Sarache de los pelos y no me he enterado de por qué! –¡Miren Mamor, no te quedes ahí parada y estámpale una botella de whisky en la cara!
-Yo…
-¡¡Shhh!! –le hice aspavientos acelerados. Maldiciones mil, me estaba perdiendo toda la conversación de la serie (¡habían dicho no-sé-qué de un hijo secreto!)
Entonces sí que se cabreó sin venir a cuento. No se fue, pero actuó de una manera muy emocional desde su sitio, como si intentara no llorar o no gritarme.
El caso es que conseguí terminarme el capitulo del día sin más distracciones (si descontamos los resoplidos de Lena).

***

Dicen que los comienzos del amor son siempre los más tiernos. Y los más ardientes de pasión.
En cuanto a Lena y yo… ¿qué nos duró, dos días? ¡NOS HEMOS METIDO EN UN PUTO CONGELADOR! O la calefacción tiene alguna avería. No me mira, no reímos, ni siquiera tenemos tema de conversación. Joder, pensé que eso sólo serían los primeros días, mientras nos íbamos conociendo mejor. Pero ya llevamos un mes y ocho días con este panorama siberiano y no mejora. Ni siquiera hacerlo público ha ayudado, al contrario: Lena se la pasa pendiente de que no nos rocemos para que nadie pueda “sacar conclusiones precipitadas”. O empiezo a morrearnos o nos pasamos las horas muertas mirando una pared; eso sí, siempre soy yo el que tiene que tiene que dar el paso o si no más horas muertas. ¡Y yo odio tener que ir arrastrándome detrás de las personas, mucho más para mendigar carantoñas, ¿será posible?! Me desquicia, me desquicia, me…
-¿Qué le haces a la pobre tostadora? –inquirió la Cucaracha desde una distancia prudencial.
-Intenté que me devolviera las tostadas mediante el dialogo, pero ella tomó rehenes (mis tostadas que ahora son dos churrascos negros) decidiendo que tratáramos por la fuerza. ¡Agh! –la desconecté, abrí la ventana y la lancé desde aquel tercer piso.
Tomé aire y la cerré con un golpe seco.
-Entiendo… Mi televisor también solía rebelarse cuando discutía con Kevin. Aunque yo solo le gritaba…
Resoplé lentamente y sin mirarla, agarrando el borde de la encimera hasta dejarme los dedos blancos. A pesar de la intervención de la tostadora, aún me quedaba raciocinio suficiente para saber que era mejor no redirigir mi rabia descontrolada hacia ellas, las pocas que aún me soportaban.
La tormenta se fue atemperando lo suficiente.
-Me alegra veros –la miré de soslayo. Puede que fuera la primera vez que nos cruzábamos más de tres segundos desde que “empezara a salir con Lena” (entre comillas porque no hemos ido a ningún lado fuera de esta academia) y nuestra ruptura-noruptura. No hacía falta tener muchas luces para saber que había sido una técnica de la Cucaracha para distanciarse de las emociones que le provocaba. No me molestaba que hubiera estado esquiva a propósito, sabía que había hecho lo correcto (mejor pensar con frialdad y desde fuera del conflicto, yo siempre lo digo). Pero me agradaba volver a hablar con ellas. Puede que incluso las hubiera estado extrañando.
Sonrió como siempre, llena de dulzura. Aunque se le distinguía un matiz sombrío.
-La tostadora no puede decir lo mismo.
-Ni tu televisor –respondí mordazmente y ambos reímos. Era fácil, reconfortante, ¿por qué no sucedía igual con Lena? -¿Cómo te ha ido?
Nicole empezó a servirse una taza de café. –Pch, “descubriéndonos a nosotras mismas”, “cultivándonos interiormente” y esas cosas que suelen anunciar en los libros de autoayuda. –Adoptó una pose de meditación con las manos-: “Aprendiendo a hallar la paz interior”.
Alcé una ceja. –Tal vez debiera probarlo yo también.
-Lo dices porque no lo has intentado –su cara se volvió cómicamente horrorizada-. Casi muero de desesperación. Pero lo necesitaba -Nicole se encogió de hombros. –Después de todo, siempre he sabido que a este “amor” no tenía futuro: era demasiado sadomasoquista para que pudiese soportarlo tanto tiempo, no quería comportarme así. –Parecía que se lo estuviese diciendo a sí misma como quien repite un mantra. Se apresuró a mejorar el tono-. Aunque, personalmente, sigo prefiriendo como remedio el chocolate, café y adrenalina.
-¿Cuándo reconocerás tus adicciones y te meterás en un programa de desintoxicación, Nicole? Estás arrastrando a la pobre Flor hacia una espiral de hiperactividad.
-¿Y quién me curaría de ti? -El comentario me sorprendió. Aun sentía algo por mí, supongo que era de esperar. Después de todo, el amor es una enfermedad mental difícil de remediar.- Tal vez un exorcista –se apoyó en la encimera a mi lado. Reí ante el comentario.
-Los hechizos contra el mal de amores no suelen ser muy buenos.
-¿Y eso?
-La mitad consiste en borrarte la memoria y la otra mitad en dejarte tan vegetal que no la puedas usar.
-¿En todos estos siglos no pudo haber alguien que se molestara en buscar una buena solución?
-¡Oh, por supuesto que sí! Pensaba que venías de leer un montón de libros de autoayuda.
-Ja. Ja –se llevó el café a los labios.
Las había echado de menos, era consciente, aunque nunca lo admitiría.

***

Nicole me acompañó hasta el despacho-de-ardilla, aunque sólo por educación y no se quedó mucho tiempo. Extrañé el beso  de buenas noches en la mejilla que desde que me desperté del coma solía darme como despedida, pero ni siquiera se lo comenté; hubiera sido un golpe bajo a su intento de no sentir nada romántico por mí.
La Cucaracha era más entretenida que los Guardianes. Gin y Albert hablaban de chorradas aburridas en las que yo no podía participar, pero no me dejaban irme (yo era un enfermo mental desequilibrado al que aun no habían ajustado bien la medicación: tenían que mantenerme controlado). De hecho, aquel día no estaba en la cima de la montaña rusa.
-¿Qué pasa?
-Nada –gruñí, pero se notaba que estaba de morros. Me giré en redondo hacia Albert y Gin-. ¿Alguno sabe a cuento de qué se ha molestado Lena conmigo?
-¿Eh?
-Está cabreada desde hace dos días y no sé por qué (lo cual me joroba mucho bastante).
-¿En serio? –Gin alzó las cejas en un gesto a medias jocoso y sorprendido.
-¿A ti qué te parece? –lo amenacé con la mirada y sus cejas volvieron a dónde estaban. Estar lo suficientemente perdido como para tener que preguntárselo a esos idiotas me tenía mosca.
-Piensa que eres un insensible.
Me giré hacia el Canijo Llorón, quién hacia garabatos en lugar de los deberes de matemáticas, sentado en el escritorio de su padre. Tenía esa mirada de ciego sin pupilas que a los Guardianes tanto desagradaba.
Volví a inclinarme en el mismo escritorio que el Canijo. -¿Cuándo?
-No sé… Pero vais a discutir –me informó-. Dentro de poco.
-¿Por qué?
Se encogió de hombros. –Creo que es porque seguís molestos por algo relacionado con una telenovela mexicana. Acorralas a Lena y ella te llama insensible. Dirá que la tratas como si fuera idiota, en lugar de cuidarla la ignoras y que la haces sentir superflua cuando se supone que los novios no hacen eso. Te rebotas y dices cosas que la hacen llorar, como que si tú actúas como si no le dieras importancia es porque prefieres ignorar que ella se comporta como si todo lo que hicieses y dijeras estuviera mal y fuese “asquerosamente inmoral”. Entonces te dice que eres inmoral de verdad y tú la llamas “frígida santurrona”. Es una pelea fuerte… acabas agarrándola del cuello. Hay un camino en el que la tiras al suelo. Y otro en el que os separan a tiempo…
Me quedé meditando y haciéndome una y otra vez la misma pregunta: “de ser esto un capítulo de Amor en tiempos de cuernos, ¿qué pasará ahora?”. Seguramente liarme con mi madrastra y descubrir que tengo un hijo con la prostituta del pub por una noche loca cuando fuimos jóvenes.

viernes, 16 de agosto de 2013

Encantamiento 69: D.T.E.B.



Pasé el resto de la velada acurrucado en mi rincón, lloriqueando como un quejica. Nadie me vino a buscar, ni siquiera me encontraron por casualidad; no se percataron de mi ausencia. Supongo que soy muy bueno escondiéndome.
Sencillamente, desde la ventana, vi al final de la noche el coche de Albert poniéndose en marcha, bajé y me monté.
Todos los Guardianes estaban muy contentos, se lo habían pasado genial. Lena estaba alegre aunque cansada, me preguntó si me había gustado y aseguró que debíamos repetirlo; ya tenía invitación para tres próximos bailes. Aún no se lo había dicho, pero no iría a ninguno de ellos.
El único que no estaba feliz era el-que-se-hace-el-héroe. Todos le preguntaron varias veces el porqué, le dijeron que contara con ellos y que él era muy grande como persona y como Guardián, intentaron bromear incluso. Él pasó de largo ante sus amigos, creo que el-que-se-hace-el-héroe ni siquiera escuchó lo que le decían estos. Nunca cuida nada de lo que tiene, no entiendo cómo aún no lo ha roto todo.

***

Los días siguientes fueron realmente aburridos. Eso es un problema porque necesito estar ocupado para no pensar en cosas feas.
RESUMIENDO…

1º DÍA TRAS EL BAILE.
Si por mí hubiese sido no habría salido de la cama en todo el día; estaba muy cansado, todo me dolía. Me desperté gritando, es raro porque con las pesadillas no suelo gritar. Sólo salto y doy patadas.
Colyn (quién se ofreció a vigilarme) se asustó, pero acabamos discutiendo porque yo quería volver a la cama. Al final me sacó a rastras.
Pasé toda la mañana “ayudando a Albert a entrenar a los futuros Guardianes”. En realidad estuve sentado en las gradas mirándolos correr de un lado a otro. Colyn siguió molesto por las cosas que le llamé en el despertar como si no supiera que tengo mal humor recién levantado. Me llamó vago y dijo que Albert me daba demasiada cancha.

2º D.T.E.B.
Al día siguiente me encontré de paso con la Cucaracha. Hablamos aunque sólo fueron unos segundos. Ella levantó una ceja y me dijo “hoy estás más apático que de costumbre”. No le respondí, ambos teníamos cosas que hacer. Usaba gafas.
Para comer hice un picnic en los jardines de la Academia con Lena. Ella estaba muy contenta, no había hecho uno desde que murió su madre. Le pregunté si creía que estaba raro. Me contestó que estaba como siempre.
Aquel día no dormí, así que no tuve pesadillas ni peleas con Colyn al siguiente.
Le pregunté a Lena por el ojo que perdió. Dijo que se debió a un vampiro que perseguía y un rastrillo; no entendí nada.
No pasó nada más ese día.
Ni los tres siguientes.

7º D.T.E.B.
Colyn me dejó dormir todo el día, ni siquiera se pasó por mi habitación. Puede que se hubiera dado cuenta de que llevaba sin pegar ojo cuatro noches.
No salí de la cama, no vi a nadie.
Fue un buen día.

8º D.T.E.B.
El-que-se-hace-el-héroe estuvo mucho tiempo mirando a Lena practicar con el arco.
Le puse cinco guindillas en su estofado ya que sabía que sólo daría un mordisco. La gente se rió pero sólo a sus espaldas, yo me hice el sorprendido.
Gin siguió presionando para que me medique, así que le dije que no era la primera vez y ya se me pasaría. En lugar de relajarlo aquello lo puso más frenético, ahora quiere saber cuántas “recaídas” he tenido. Cree que, después de lo que me hizo el Dr. Dande, su obligación como médico es salvarme; me resulta una persona cada vez más imbécil.
Albert también se había puesto en alerta.
Volví a beber con él, pero nos pasamos dos horas, cuarenta y tres minutos en silencio tomando whisky el uno enfrente del otro. Entonces se fue porque tenía que ver al cardenal. Ni siquiera usamos palabras para despedirnos.
Al menos saben que no debía enterarse nadie más.
Seguía sin dormir. Me gustaba dar vueltas por los jardines… Lo que en verdad quería era saltar las vallas.


9º D.T.E.B.
Empezaba a echar seriamente de menos a mucha gente, en especial a Campbell. Y también a Yell, aunque bastante menos. Supongo que porque sé que él no me añora a mí; no mientras tenga opio, vino y/o mujeres disponibles. Será mi mejor amigo (chico, matizo pues de lo contrario Campbell se ofende) pero también es un capullo.
Modosito-Man intentó hablar de chicas. Es gay. Normalmente verlo tan patético intentando aparentar me hubiera divertido; no lo hizo. No me reí de nada en todo el día.
Lena me rozó la entrepierna del pantalón con la mano mientras nos besábamos, hubiera sido lo más erótico que me ha hecho hasta ahora de no ser porque salió corriendo a la capilla para rezar. Esta vez me dolió ese comportamiento (no soy la lepra).
Dormí aquella noche. Me desperté llorando a las 04:31 a.m. Lo bueno es que Colyn no tuvo que venir a discutir conmigo.
Ya estoy harto de estar triste, yo no soy así.

10º D.T.E.B.
Cedí: he empezado a tomar los antidepresivos. Gin no se aclara con la dosis que debería usar, dice que tengo un metabolismo raro. Me prohibió las bebidas alcohólicas, no lo cumplí.

12º D.T.E.B.
Ese día estuve alegre todo el tiempo, las pastillas funcionan.
Fui a misa con Lena, estaba encantada con mi cambio de actitud. Ella lo achacaba al “poder del amor” o algo así, aún no sabía que usaba medicinas. Colyn también vino y bromeamos sobre que no hubiera explotado en llamas con el agua bendita. Le dije a Modosito-Man que encontraría a un buen chico que le quisiera porque era muy majo de aspecto y de personalidad y lo llamé “hermano”. Y al-que-se-hace-el-héroe que ojala yo fuese él.
Me fui a la cama con una sonrisa en la boca.
Las pesadillas fueron peores. Me desperté en el gimnasio a las 02:25 a.m.; estaba diseccionando a uno de los muñecos de prácticas pieza por pieza. No me asustó ni me pareció raro, de hecho me sentí orgulloso cuando analicé mi trabajo. Resulta que valgo para cirujano, uno de élite además.
Volví muy contento a la cama y soñé con operaciones realizadas por el Dr. Dande. En el sueño, yo era el Dr. Dande.

14º D.T.E.B.
Albert quería hablar sobre mi madre, pero nunca se atrevió. Yo lo preferí así. Al parecer ella “también” tuvo problemas mentales en vida. Creo que sé cuáles eran: Gin estaba mirando fármacos para tratar la esquizofrenia. No podía hacerme menos ilusión que si volviera a casarme con Kaila.
Lena estaba muy concentrada en sus fantasías de romanticismo. Decidió que quería que tuviéramos tres hijos: dos niños a los que llamar como a sus hermanos muertos y una niña a la que llamaríamos como su madre; no recuerdo los nombres. Preferí decirle que me parecía muy bonito honrar sus muertes de ese modo en lugar de comentarle mi esterilidad. Que odio a los niños. O que para tener niños hace fala copular (seguía sin pasar del primer agujero del pantalón).
O que está previsto que me ejecuten dentro de dos meses.

martes, 6 de agosto de 2013

ESPECIAL; 2ªparte: JUST DANCE



-Robert… -Lena se paró a pocos pasos del Guardián. No sabía exactamente qué decirle, ni siquiera por dónde empezar. Pero había ido hasta allí porque quería ser fuerte, valiente y lo iba a hacer-. ¿Estás… bien? –preguntó lo primero que fue capaz de pronunciar.

-Sí –le gruñó.

-¿Estás enfadado… co-conmigo?

-No. Somos amigos, si tú estás bien yo me alegro –mintió con descaro.

-¡Eso me hace… muy feliz, Rob! –creyó ser sincera. Y en ese momento lo fue, pero acabaría sintiendo que no lo era.

Alec era una fantasía, sí, pero Robert era casi un dios. Una de esas estatuas idílicas que hacían en la antigua Grecia. A veces se le olvidaba el efecto que tenía sobre ella, en especial cuando acababa de ver a Alec. Agachó la mirada. Soy una mala persona; pensó que le sería mucho más fácil olvidar sus sentimientos hacia Robert una vez empezara con Alec, porque había elegido a éste, pero…

Seguía teniendo dudas.

El problema es que aun seguía demasiado ciega para ver el trasfondo de sus emociones.



***



Le faltaba el aire. Siempre que se sentía apurado no había suficiente aire entrando en su cuerpo. Había tantos Guardianes allí, tanta Luz despedida de sus cuerpos, que no quedaba vida que alimentase su cuerpo.

Volvió a tropezar consigo mismo. Arrojó el bastón contra un espejo, haciéndolo añicos. Odiaba aquella pierna ortopédica, era como arrastrar una piedra taladrada a la rodilla, torpe y dolorosa. Quería la suya propia de vuelta… pero lo más probable es que la hubiesen mancillado con actos obscenos o usado para rituales aun peores.


Intentó reprimir las nauseas, intentó no sentir la rabia y la impotencia. No pudo.


Se agujereó el labio con los colmillos para no gritar. Sabor a sangre. Tenía todo el cuerpo tirante, sin darse cuenta sus garras habían hecho estragos con la moqueta.


Necesitaba aire fresco. Cualquier ilusión de libertad.


Se puso de nuevo en pie con torpeza. Encorvado y cojeando fue cosiendo el pasillo como un borracho, no se molestaría en fingir salud de ningún tipo mientras se supiese solo.


Solo es lo que quería estar.


No soportaba a aquella gente. Pero había sido amable, haciéndose amigo de seres que odiaba con todo lo que tenía dentro mientras sentía que el aire se agotaba con cada palabra como si lo tuviera medido en una única bombona de oxígeno y la presión de diez mil metros de agua sobre sus hombros, sobre una sonrisa de imitación. Ahogándose con la presión y rodeado de tiburones. ¿Por qué se torturaba, por una chiquilla? Qué bajo había caído.


Se sujetó las costuras del estómago gimiendo. Levantó la mirada. No sabía dónde estaba, no reconocía nada. Dio otro paso adelante.


Se sentía como si estuviese huyendo. El problema es que huía de algo que no estaba pero creía ver en todas partes: el Dr. Dande.


Él estaba allí, con su cronometro en el bolsillo y una jeringa de Luz en cada mano. Tocaban la música clásica que a él le gustaba. Los sonidos de fiesta lo ensordecían, se burlaban de él a cada carcajada.


Creía escuchar sus mocasines en las notas bajas de la orquesta, veía su bata blanca en cada esmoquin. El filo del bisturí en cada sonrisa, riéndose de sus entrañas.


Me estoy volviendo loco. Él estaba comatoso en una cama de hospital, no le perseguía.


Pero sentía su aura en cada Guardián, el peligro inminente. Emboscada, te tenderán una emboscada en cualquier momento porque todos ellos están en tu contra. Te ataran, te abrirán y diseccionaran mientras lo graban en video; no paraba de pensar. ¿Y qué había hecho él? Agarrarse a una botella de champan como salvavidas y concentrarse en no llorar, en no gritar ni correr para no perder más aire. En parecer alegre ante su inminente muerte.


Logró forzar una ventana. Pero fuera sólo hacía calor sin ni un atisbo de brisa que le consolara. Se acurrucó junto al alfeizar y empezó a llorar.


Quería tocar fondo para dejar de hundirse en aquel oscuro mar que lo engullía. Por aquel entonces pensaba que cuando estuviese definitivamente loco ya no le preocuparía haber perdido el juicio.