sábado, 25 de junio de 2011

Encantamiento 34, 4º parte: Cómo acabar con un dragón sin perecer en el intento.


Mi espalda se chocó contra algo duro mucho antes de tiempo. Ugh, ¡no estoy muerto, pero duele! (el caso es quejarse…)
-¡Alec! –apenas pude escuchar la voz de Nicole entre el estruendo. Una pantalla de magia brillante y blanquecina había parado mi caída. Pude reconocer la esencia de la Flor de Oro en aquella estructura flotante. ¿Nicole acababa de salvarme? Genial, ahora le debo una…
Me incorporé cómo pude y salté a la repisa del edificio, puesto que la magia de la pantalla que me sujetaba se desvaneció en menos de un segundo y no era plan de volver a dejarme caer. Desde allí tuve que escalar como pude. Debía de estar medio en shock porque aún no me dolía nada, a pesar de la de bamporros que ya había recibido.
Nicole observaba con autentico horror al bicho gigante que acababa de zamparse a su héroe (que  pronto te olvidas de mí, ¿no?).
-Saldrá –fue lo único que le dije. Solo era cuestión de tiempo. Volví a tocar la enredadera y ordené a las plantas soltar al dragón, el cual alzó de nuevo el vuelo sobre el edificio.
Sabía el procedimiento a seguir una vez dentro. Evitar los dientes (intentando no prestar atención al asco que da su saliva, eso ante todo). Dejarse deslizar por su garganta, y en el esófago, lograr quedarse anclado para poder reventárselo de un golpe, aguantando la respiración ante la tromba de sangre y los tambaleos del dragón. Eran necesarias varias estocadas hasta lograr hacer más honda la brecha. No pienso describir cómo se siente uno entre la carne de un dragón hasta llegar a uno de sus órganos internos, lo siento; con intentar imaginaros al-que-se-hace-el-héroe en esas condiciones ya es suficiente para vosotros. Allí dentro la sangre a presión te golpea como un martillo del que no puedes huir; se necesitaba mucha fuerza para resistir. Y ahora la explicación de por qué se debe sufrir toda esa penalidad: la única manera de matar a un dragón como este era implosionar su segundo corazón.

El dragón empezó a contonearse de formas extrañas.
Ya casi estaba, podría matarlo y acabar con aquello.
El segundo corazón, en realidad no es un corazón ya que no bombea sangre, sino compuestos que circulan por la sangre y se separan para concentrarse en esta válvula que los expulsa al exterior. El ambiente allí era completamente distinto: una gran cantidad de gas caliente; sustancias inflamables. El-que-se-hace-el-héroe solo necesitaba provocar una chispa para quedar como un héroe; seguro que lo conseguía solo  para salirse con la suya. El problema era el cómo y si conseguiría apartarse antes de acabar chamuscado hasta el tuétano.
Entonces me percaté de que tenía un rebujo en el estómago, me preocupaba si podría o no hacerlo; aunque no estoy seguro de si era por lo primero o por lo segundo.
De repente el dragón gritó y las llamas corrieron por el interior de su cuerpo, envolviéndolo con lenguas de miles de colores. Cayó sobre el tejado de nuestro edificio con un golpe seco y el crepitar ahogó su voz para siempre.  
-¡Vamos! –le grité a Nicole, la única que seguía allí presente, agarrándola de la mano para que corriera conmigo hasta la azotea.
El dragón estaba definitivamente muerto, podía sentirlo. ¿Y el-que-se-hace-el-héroe? (Pero tampoco es que me importe demasiado si no sale; un pesado menos en mi vida). Entre el humo apareció una figura caminando entre aquellas lenguas de vapor. El héroe, ¿quién si no? Sentí una gran desilusión que contradijo a cualquier sensación anterior (esto es raro…). Pos vaya, no la palmo…
Se dejó deslizar por el lomo calcinado hasta el suelo. Tenía la piel completamente enrojecida y escamada pues la sangre del dragón producía urticaria y él había tomado unos cuantos litros.
-¡Robert, ¿estás bien?! –preguntó Nicole con la voz llena de preocupación y alivio mezclados.
-Tranquila, preciosa, no planeó morir por tan poco – Sonrió ampliamente con un poco de socarronería. Sin venir a cuento su aura de elegancia y poder pareció incrementarse (macho, pero si estás hecho mierda). Alzó la mano en dirección a Nicole y ella la aceptó con las mejillas muy rojas para que Robert la besara. Menuda cara de bobalicona se le quedo a la rubia esta.
Un mechón negro le cayó sobre los ojos dorados y dulces al mirar a Nicole. Hasta yo tengo que admitir que estaba guapísimo.
Espero que no haya más dragones en el futuro, con esta experiencia ya he tenido bastante.




6 comentarios:

  1. Por fin me lo he leido todo... y solo puedo decirte que me encanta!!!!
    Esa chisma de humor me engancha completamente. Alec puff es genial, aunque me da pena que Lena no le reconozca ¿o se hace la sueca? total, lleva su colgante, sabía su nombre y ahora esta todo el día con él ¿ cómo no recordarle?? ais es genial!!! seguire al pie del cañon con tu historia!

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  3. Ohm, con lo de Lena... bueno, tendrás que seguir leyendo para saberlo XD
    Y por cierto, Angy, qué rapidez! :O

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  4. ains......como siempre el merito del heroe y alec....xD me encanta el final xD
    sigo!
    Besos

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  5. Alec es mi dios jajaj
    Pobre dragón T___________________________T

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